Marimar Torres: una mujer visionaria y el golpe de suerte que lo cambió todo.
 
 
El próximo 17 de noviembre se cumplen 35 años de la emisión de un reportaje en el programa “60 Minutes” de la cadena norteamericana CBS, titulado “The French Paradox” (La paradoja francesa). Este espacio, que inició sus emisiones en 1968, se ha convertido en uno de los programas de reportajes de investigación más influyentes y reconocidos de la televisión estadounidense.
 
Presentado por el corresponsal Morley Safer, el reportaje indagaba en una aparent contradicción: ¿por qué los franceses registraban tasas más bajas de enfermedades cardíacas pese a seguir una dieta rica en grasas saturadas? El episodio es ampliamente reconocido por haber desencadenado un aumento masivo del consumo de vino tinto en Estados Unidos, al divulgarse entre el gran público los supuestos beneficios cardiovasculares del consumo moderado de vino.
 
El célebre segmento de “60 Minutes” sobre “La paradoja francesa” se emitió en 1991. En él, Safer analizaba cómo los ciudadanos franceses disfrutaban de una incidencia sensiblemente menor de enfermedades cardíacas y de una esperanza de vida más larga que los norteamericanos, a pesar de consumir dietas abundantes en grasas saturadas, mantequilla y queso. El programa presentaba la teoría del investigador francés Dr. Serge Renaud, quien sostenía que la clave de esta paradoja residía en el consumo regular y moderado de vino tinto.
 
Renaud argumentaba que, aunque la dieta francesa incluía un alto contenido graso, la ingesta diaria de vino tinto ejercía un “efecto de lavado” sobre las arterias. Se creía que este efecto impedía que las plaquetas se agregaran entre sí, evitando así las coagulaciones responsables de muchos infartos de miocardio.
 
La emisión tuvo un impacto cultural inmediato y profundo en los hábitos alimentarios y en las pautas de consumo de alcohol en Estados Unidos. Tras el programa, las ventas de vino tinto aumentaron entre un 40 y un 44% en el mes siguiente, y las aerolíneas llegaron a quedarse momentáneamente sin existencias de vino tinto. El episodio cambió de forma duradera la relación del público estadounidense con el vino, que pasó a percibirse, en gran medida, como una bebida potencialmente beneficiosa para el corazón más que com una simple indulgencia.
 

Y qué relación tiene Marimar Torres con aquel mítico episodio de “60 Minutes”?

 
Cuando la muy joven Marimar, la benjamina de la cuarta generación de la Familia Torres, decidió trasladarse a Estados Unidos en 1975, vivió desde primera línea la revolució vitivinícola de California. Para alguien que había crecido rodeada de viñas y vinos, la efervescencia que se vivía en aquel moment le reveló una gran oportunidad para comenzar un proyecto propio.
 
En 1986 eligió una localización al norte de San Francisco, en el condado de Sonoma, concretamente en la zona del Russian River Valley. Allí encontró una antigua propiedad plantada de manzanos, a solo 16 kilómetros del océano Pacífico, que se perfilaba como el lugar ideal para establecer un viñedo. Dedicó esta primera finca a su padre, bautizándola como viña Don Miguel.
 
Entre 1986 y 1987, Marimar plantó los primeros portainjertos de chardonnay en aquellos suelos ligeros, arenosos y bien drenados del Russian River/Green Valley, especialmente apropiados para variedades de clima fresco. Sin embargo, en 1988 decidió romper con la tradición dominante en la zona e introdujo el pinot noir, una variedad entonces relativamente poco valorada y considerada arriesgada. Los asesores locales mostraban reticencias: el pinot noir, originario de Borgoña, es una variedad notoriamente delicada, difícil de cultivar y de complicada adaptación a otros climas y terroirs.
 
La primera añada de pinot noir, la de 1992, salió al mercado en 1994, en un contexto en que el interés de los consumidores nord-americanos por el vino tinto crecía de manera seguida, especialmente después de la emisión de  “The French Paradox”, que había consolidado la percepción del vino tinto comouna opción más saludable. 
La llegada del nuevo vino fue un éxito inmediato.
 
 

La estrategia de Marimar Torres

 
Marimar Torres, además de ser una excelente comerciante, puso en marcha una estrategia muy inteligente: los clientes que deseaban comprar su pinot noir debían adquirir también chardonnay. Por cada caja del nuevo vino tinto, exigía la compra de dos cajas de vino blanco, consolidando así la presencia de ambas referencias en el mercado.
 
En el año 2000, Marimar compró una nueva finca de 72 hectáreas en la franja costera de la D.O. Sonoma. De ellas, ocho hectáreas se plantaron con pinot noir: es la viña Doña Margarita. Situada a tan solo 11 km del océano Pacífico, esta propiedad —dedicada a su madre— presenta una elevada densidad de plantación, con 5.850 cepas por hectárea, lo que favorece la concentración y la complejidad aromática y gustativa. Se trata de un enclave ideal para el pinot noir gracias a las frescas nieblas marinas, al apreciado suelo Goldridge (un limo arenoso ligero sobre gres) y a su altitud de 190 metros.
 
Este segundo pinot noir, Mas Cavalls, también se benefició de un golpe de suerte: el estreno, en 2004, de la película “Sideways” (“Entre copas”), que contribuyó de forma decisiva a poner de moda esta variedad borgoñona. Pero esa ya es otra historia.
 
En la actualidad, Marimar Torres ha ido incorporando variedades españolas como el albariño, el godello, el tempranillo, la mencía o la recuperada forcada. Sin embargo, sus chardonnay y pinot noir siguen siendo la piedra angular de la bodega, que cuenta con la certificación de sostenibilidad de California. Año tras año, estos vinos obtienen altas puntuaciones y elogiosas críticas por parte de la prensa especializada y de los principales prescriptores del mundo del vino.
 
Marimar tuvo que enfrentarse a un prejuicio profundamente arraigado: la idea de que el universo del vino no era un lugar para una mujer. No obstante, logró derribar esas barreras y, con el tiempo, se ha convertido en la embajadora más reconocida del vino español en Estados Unidos con: Marimar Estate.
 

La paradoja revisitada

 
En las décadas transcurridas desde la emisión de 1991, el consenso médico ha cambiado. Hoy, cardiólogos y organizaciones sanitarias destacan que la dieta francesa se caracteriza también por raciones más moderadas, un ritmo de comida más pausado, un menor consumo de productos ultraprocesados y una mayor presencia de verduras frescas y de aceite de oliva.
 
Por otro lado, los estudios sobre el resveratrol —el compuesto clave al que se han atribuido muchos de los supuestos beneficios del vino tinto— han demostrado que, para alcanzar efectos comparables a los observados en determinados experimentos, una persona tendría que consumir cantidades de vino totalmente incompatibles con una vida saludable.
 
Aun así, el placer de compartir una buena copa de vino con la familia y con los amigos nos regala momentos de felicidad que, incrementen o no la producción de endorfinas, contribuyen, aunque sea modestamente, a que llevemos una vida mejor.
 
Sergi Castro Solé
 
Sumiller.
 
 
 
 
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Por Castro (Sommelier)