Purgatori es testigo material del paso de la orden benedictina por una tierra que les fue penitencia y descubrimiento: un clima extremo y un terruño especial para un vino superior. En 1770, la abadía de Montserrat ordenó la construcción de la finca en L'Aranyó, un lugar inhóspito y lejos del monasterio a los frailes desobedientes que hacían penitencia labrando esta tierra. Desde 2012, continuamos su legado elaborando un vino de gran personalidad, fresco y elegante.
Gastronomía
Ideal para acompañar carnes rojas a la brasa, guisos de caza, estofados y platos de cocina mediterránea con sabores intensos. También armoniza a la perfección con quesos curados, embutidos ibéricos y setas salteadas, realzando la complejidad y profundidad del vino en cada bocado.
Historia
En 1770, monjes benedictinos se instalaron en la finca Purgatori, un lugar inhóspito lejos del monasterio, conocido por su clima riguroso y sus duras condiciones. Allí se enviaba a los frailes desobedientes, que trabajaban la tierra como penitencia, pero pronto descubrieron un terroir con buen potencial para elaborar un vino superior. Según la leyenda, grandes barriles desaparecían misteriosamente. Algunos decían que los ángeles los llevaban a las alturas.
Historia bodega
Familia Torres, un apellido vinculado desde hace más de tres siglos al mundo del vino. Desde sus orígenes en 1870, Familia Torres ha aunado tradición e innovación para convertirse en un empresa de referencia en el sector del vino y de los brandies de calidad. La visión de la Familia Torres es un mundo en el que “celebramos la vida, cuidamos la tierra y transmitimos nuestro legado”. El compromiso con la tierra, las personas y la cultura del vino son tres grandes pilares para esta bodega que cuenta con más de 140 años de historia. La Familia Torres ha tenido el honor, desde sus comienzos, de que expertos, críticos y consumidores hayan premiado la excelencia y calidad de sus productos.
Nota de Cata
Intenso color granate, bien cubierto. En nariz es expresivo, rico y frutal (arándanos , confitura de griottes o cerezas amargas) con notas especiadas (pimienta negra) y un fondo de frutos secos (higos, dátiles, ciruelas pasas) que se integran en los tostados del roble. En boca es ligero y aterciopelado, más delicado que enérgico, aunque persistente y grato.