El cocido madrileño es uno de los grandes iconos de nuestra gastronomía: un guiso de sabor profundo, de mesa larga y conversación pausada. Tradicionalmente se disfruta en tres tiempos: primero la sopa, después los garbanzos con verdura y, por último, el festín de carnes y embutidos.
En este artículo te proponemos cómo acompañarlo con vinos de Petit Celler y Familia Torres, adaptando el maridaje a cada parte del cocido para que el conjunto resulte más equilibrado, agradable y memorable.
1. Cocido madrileño y vino: ideas básicas antes de elegir
Antes de entrar en recomendaciones concretas, conviene tener claras algunas ideas sencillas:
La grasa de caldo, embutidos y carnes necesita vinos con buena acidez, que limpien el paladar.
La sopa pide vinos más ligeros y refrescantes: si el vino es muy alcohólico o pesado, cansa demasiado pronto.
Los garbanzos y la verdura agradecen blancos con algo de cuerpo o tintos suaves.
Las carnes y la morcilla reclaman tintos con más estructura y tanino bien integrado.
En resumen, el cocido se disfruta más si el vino evoluciona con el plato: ligero al principio, algo más lleno de cuerpo en la parte central y más serio en el momento de las carnes.
2. Primer tiempo: la sopa de cocido
La sopa concentra todo el trabajo del puchero: caldo sabroso, textura untuosa, temperatura alta y un fondo marcado de carne y verduras. El vino aquí debe:
Acompañar sin robar protagonismo.
Refrescar la sensación de grasa.
Abrir el apetito para lo que viene después.
2.1. Espumosos secos: la forma más elegante de empezar
Un espumoso seco es un gran aliado de la sopa: la burbuja aporta una sensación de limpieza y ligereza. La acidez equilibra la untuosidad del caldo. El estilo seco evita añadir dulzor, que no encajaría bien aquí.
Recomendación de Familia Torres:
Perfil: espumoso fresco y elegante, con notas cítricas, fruta blanca y una burbuja fina.
Por qué funciona: Limpia la boca tras cada cucharada. Mantiene la sopa como protagonista, sin imponerse. Deja sensación de frescor y ganas de seguir comiendo.
Si buscas alternativas en Petit Celler, puedes optar por:
Cavas o espumosos brut o brut nature.
Mejor si tienen cierta crianza sobre lías, para ganar complejidad, pero manteniendo siempre una buena acidez.
2.2. Blancos ligeros para un arranque más suave
Si prefieres prescindir de la burbuja, un blanco ligero y aromático también es una buena elección para acompañar la sopa.
Recomendación de Familia Torres:
Viña Esmeralda
Perfil: blanco fragante, con notas florales y cítricas, ligero y fácil de beber.
Encaje con la sopa:Acompaña bien cuando el caldo no es excesivamente graso.
Aporta un toque aromático agradable sin pesadez.
Es ideal para quienes prefieren un inicio más suave y delicado.
3. Segundo tiempo: garbanzos, verdura y patata
En este punto aparece el corazón del cocido: garbanzos melosos, repollo o col, patata cocida y, a veces, algo de zanahoria o un poco de caldo añadido. La textura y el peso en boca aumentan.
El vino, ahora, debe:
Tener algo más de cuerpo.
Mantener frescura para que el conjunto no se haga pesado.
Acompañar el carácter terroso del garbanzo y el vegetal de la verdura.
3.1. Blancos con volumen y buena acidez
Un blanco con más estructura es ideal aquí, porque sostiene el peso del plato sin renunciar a la frescura.
Recomendaciones de Familia Torres
Pazo das Bruxas (DO Rías Baixas)
Uva: Albariño.
Perfil: vino blanco fresco, con acidez marcada, cierto volumen en boca y buen recorrido.
Por qué funciona: Refresca la combinación de garbanzo y repollo.
Acompaña muy bien el toque salino que pueden aportar el jamón o el tocino que han enriquecido el caldo.
Es equilibrado: ni demasiado ligero ni excesivamente contundente.
Milmanda (DO Conca de Barberà)
Uva: Chardonnay con crianza.
Perfil: blanco con cuerpo, textura cremosa, notas de fruta madura y una acidez que sostiene el conjunto.
Ideal si:Tu cocido es especialmente rico en grasa.
Te gustan los blancos serios, amplios y con presencia, que no se quedan en segundo plano frente al plato.
3.2. Tintos suaves para quienes quieren tinto desde este momento
Si eres de las personas que prefieren pasar al tinto en esta fase, conviene que sea un estilo muy amable:
Tanino fino y redondeado.
Cuerpo medio, sin exceso de concentración.
Fruta clara, sin sensación de sobremaduración.
Recomendación de Familia Torres
Altos Ibéricos Crianza (DOCa Rioja)
Uva: Tempranillo.
Perfil: tinto equilibrado, con fruta roja madura, madera bien integrada y tanino suave.
Encaje con el plato:Respeta la textura del garbanzo y la verdura.
Funciona muy bien si, en este momento, empiezas a añadir algún pequeño trozo de chorizo o morcilla a los garbanzos.
Aporta sensación de calidez y comodidad sin resultar pesado.
4. Tercer tiempo: carnes y embutidos
Es el momento más intenso del cocido. Entran en juego:
Morcilla, chorizo y tocino.
Morcillo, gallina, puntas de jamón y otros cortes.
En algunas casas, relleno u otros añadidos de gran sabor.
Aquí la grasa, las proteínas y los aromas especiados se imponen con claridad. El vino debe estar a la altura.
Necesitamos tintos con:
Estructura tánica suficiente para acompañar las carnes.
Buena acidez, para evitar una sensación pesada.
Complejidad: fruta madura, especias, notas tostadas o balsámicas.
4.1. Tintos con carácter para el final del cocido
Recomendaciones de Familia Torres
Celeste Crianza (DO Ribera del Duero)
Uva: Tinto Fino.
Perfil: vino intenso, con fruta negra, toques balsámicos y crianza bien marcada.
Maridaje:Excelente para morcilla y chorizo, que necesitan tintos con personalidad.
Su acidez equilibra la grasa del tocino y las carnes más gelatinosas.
Deja una sensación de plenitud que encaja bien con esta parte del cocido.
Uvas: Garnacha, Cariñena y otras variedades tradicionales.
Perfil: tinto profundo, mineral, con buena concentración y tanino firme pero pulido.
Maridaje: Ideal para cocidos especialmente potentes y ricos en embutidos.
Recomendado para quienes disfrutan de vinos serios, con capas de sabor y larga persistencia.
Perfil: tinto mediterráneo, sabroso, con fruta madura, notas especiadas y tanino amable.
Maridaje: Muy versátil con distintos tipos de carne.
Su carácter especiado enlaza muy bien con el chorizo.
El tanino moderado se adapta tanto al morcillo como a cortes más grasos.
5. Cuando se prefiere un solo vino para todo el cocido
No siempre apetece ir cambiando de botella a lo largo de la comida. Si buscas simplificar y escoger un único vino, existen opciones que pueden acompañar dignamente el cocido de principio a fin.
Un blanco todoterreno: Pazo das Bruxas
Ventajas:Funciona con la sopa gracias a su frescura.
Brilla junto a los garbanzos y las verduras, donde muestra su mejor perfil.
Puede acompañar las carnes si no te gustan los tintos potentes y prefieres una comida más ligera y refrescante.
Un tinto versátil: Altos Ibéricos Crianza o Sangre de Toro Original
Ambos tienen la virtud de adaptarse bien a varias partes del cocido:
Se pueden introducir a partir del momento de los garbanzos.
Ofrecen su mejor cara con las carnes y los embutidos del final.
Son opciones cómodas si quieres abrir una sola botella y mantenerla durante la mayor parte de la comida.
Una opción intermedia muy interesante es:
Servir una copa pequeña de espumoso o blanco fresco solo con la sopa.
Pasar después al tinto elegido y mantenerlo con los garbanzos y las carnes.
Así, un clásico de cuchara se transforma en un recorrido completo, donde cada copa ayuda a descubrir nuevos matices de un plato que, por sí mismo, ya forma parte de la memoria culinaria de muchas familias.