Vino blanco de Lanzarote elaborado íntegramente con la variedad prefiloxérica Vijariego Blanco (también conocida como Diego), procedente de cepas centenarias plantadas a pie franco en hoyos excavados en ceniza volcánica y protegidas por tradicionales muros de piedra semicirculares. Esta viticultura heroica, propia del singular paisaje volcánico de la isla, da lugar a un vino de guarda complejo, con gran untuosidad en boca y una marcada personalidad mineral.
Gastronomía
Arroces de mar y montaña, carnes blancas o rojas con elaboraciones sutiles y quesos ahumados o curados.
Historia bodega
Fundada en 1775, esta bodega es un referente histórico de la vinicultura en Lanzarote y Canarias, y alberga un museo del vino con auténticas reliquias, como vinos de 1881 y antiguos parrales de moscatel del siglo XIX. Pionera en el embotellado desde 1935, la bodega ha liderado la innovación en el sector con la incorporación de tecnología avanzada desde los años 80, incluyendo tanques de acero inoxidable, equipos de frío y prensas de membrana, además de la elaboración de espumosos naturales. En la actualidad, combina tradición y agricultura ecológica con prácticas sostenibles, recuperando CO₂, generando el 60% de su energía mediante placas solares y aplicando viticultura regenerativa para proteger el entorno.
Nota de Cata
Se presenta con un amarillo pajizo cautivador, adornado por ligeras tonalidades doradas que brillan con limpieza y luminosidad. En nariz, despliega un festín olfativo donde resaltan notas de fruta ácida, como el pomelo, y cítricas, evocando la frescura de la cáscara de naranja. Las flores de manzanilla y el heno añaden un toque etéreo, mientras que un matiz balsámico de hinojo refleja la naturaleza terpénica de esta variedad. Aromas complejos, como el sílex o pedernal, emergen sutilmente, complementados por recuerdos de bollería y lácteos, resultado de la autólisis de las levaduras. Toques ahumados y tostados, junto a un leve susurro de brasas, surgen de la crianza en barrica. En boca, destaca por su marcado frescor cítrico, resultado de su acidez tradicional, que se entrelaza con notas minerales ligeramente salinas. Su paso es largo y carnoso, con una textura untuosa que culmina en un final persistente, dejando una impresión duradera.